Una nueva esperanza.
Como
se dice popularmente, “por algo se empieza”, y es aquí cuando la LOMLOE empieza
su recorrido por una larga e inmensa lista de leyes educativas que siempre han
tendido a destruir la anterior. Pero en el caso de la LOMLOE, esa destrucción
de la póstuma ley anterior, LOMCE, ha sido para mejor.
¿Es
un primer paso? Sí. ¿Se aumenta la financiación pública? Sí, actualmente está
en alza y se ha pasado de un escaso 4% del PIB, a la progresiva subida hasta el
5% del PIB (nivel medio en Europa) para 2025. Haciendo un breve análisis de la
historia reciente de la educación española, nunca hemos destacado por la
inversión pública sobre la educación, más bien siempre hemos sido de los países
que siempre deja de lado o recorta los presupuestos. Leyendo artículos de
periódico, escuchando las noticias, incluso las conversaciones entre la gente
sobre educación, siempre nos hablan de que debemos parecernos a los países del
norte de Europa. Siempre se les llena la boca con querer parecerse, pero la
realidad es que muchos de ellos invierten más del 6% del PIB.
¿Se reducen las ratios? No. Ni la pandemia ha conseguido reducirlas. Seguimos con aulas desde Educación Infantil, hasta la Universidad Pública acinada; en mente tengo en un viaje que realicé a la Universidad de la Laguna (Tenerife), donde había estudiantes siguiendo las clases desde los pasillos. Pero esto no es un caso puntual, a día de hoy en los colegios, los estudiantes se encuentran hacinados, y aunque en los datos oficiales se marca que la ratio es de 22 estudiantes por cada docente, es mentira, ya que me atrevo a afirmar que en la mayoría de los centros públicos esto no es así. Una de las causas de las altas ratios es derivada de la escasa financiación a la escuela pública. A mayor financiación, mejores espacios, mayores contrataciones de profesores y en definitiva menor ratio (todo ello pensando en el buen uso del presupuesto). Me atrevo a categorizar de deleznable las altas ratios en los tiempos que vivimos. Está comprobado con la comunidad científica que, a menor contacto social, menor riesgo de contactos. Algunas comunidades autónomas se han jactado de la contratación de profesorado, pero la realidad ha sido otra; docentes con contratos precarios (en algunos casos han sido despedidos en cuanto han como en Madrid; 1.117 docentes), y también manteniendo esas altas tasas lo que ha provocado multitud de rebrotes, a principios de noviembre la cifra fue de un total de 9.750 aulas cerradas y más de 1.578 docentes contagiados (eso que sepamos, porque puede haber sido más).
De
esta ley se esperan muchas cosas, pero quizás una de las más importantes, que
tiene trasfondo en el devenir de la sociedad, la lucha por la eliminación de la
segregación. La LOMLOE es la primera ley educativa que recoge en su texto el
término segregación, una lacra que asolado a toda la educación pero que siempre
se ha querido que pasara inadvertido. No podemos hablar de calidad con la
presencia de la segregación. Muchos políticos en los últimos años, pero
especialmente en las últimas semanas han llevado como epicentro de sus
propuestas políticas la palabra “libertad”. Si algo caracteriza este término es
en la facilidad con la cual se puede utilizar con aspecto dañino, en esto caso
la utilizan como “libertad para elegir”, argumentando nefastamente, pero lo que
realmente quieren decir es que quieren “libertad para segregar”.
Muy
en la línea de la segregación está el tema de la educación concertada, que no
dejan de ser colegios privados que abogan grandes cantidades de ingresos
gracias a fondos públicos; siempre con el lema de la libertad. Con esta ley, se
supone que con esta ley se empezará a combatir la segregación por elección de
centros, ya que se garantizará el reparto equitativo de estudiantes. Pero
existe un problema; las competencias de las comunidades autónomas, que, en este
caso, algunas comunidades obcecadas con esa libertad (en este paso para
segregar) amenazan con saltarse esa ley. En términos de Adela Cortina estamos
ante la aporofobia, pero para ello debe estar la educación, para lograr la
inclusión.
¿Se
postula esta ley como defensora de la Educación Pública? No, pero tengo la confianza
en que con el trascurso del tiempo nos demos cuenta de la cuan importante es
para suceder de la sociedad. Debemos empezar a ser conscientes que el único
organismo capaz de garantizar el derecho a la educación en igualdad de
condiciones es la vía pública, todo lo demás es segregación. Hay que empezar a
eliminar el monopolio de la iglesia con las subvenciones utilizadas para crear
escuelas que no educan en libertad, sino todo lo contrario, se basan en
adoctrinar bajo ese dogma. Hay que aumentar lo que se denomina red pública de
centros, que no deje atrás a ningún niño, para así no arrastrarles a las
escuelas privadas; todo ello empieza por reforzar la Educación Infantil, tan
olvidadas y menospreciadas.
Puede
que me deje muchas cosas en el tintero, pero creo que todavía no las tengo lo
suficientemente maduras en mi cabeza como para plasmarlas de forma concisa y
crítica, pero con todo ello mantengo la esperanza de que esto sea el primer
paso hacía una educación inclusiva, que en definitiva no es más que una escuela
de calidad.
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