Sesión 17 de noviembre. ¿Qué cualidades ha de tener un/a docente?

Tras la lectura de Paulo Freire, nos surgen un montón de preguntas acerca de cómo debe ser la educación, qué podemos hacer para lograr una educación justa, y sobre todo, ¿Qué tipo de docentes debemos de ser para lograr una educación, y por ende, una sociedad más justa? Pues, parece que a lo largo de estos cuatro años de formación como docente, mi experiencia en las prácticas, y mi trabajo como monitora de extraescolares, jamás me habían enseñado a cuestionarme acerca de si desarrollo mi trabajo enfocado hacia la justicia, e incluso, si es la mejor forma de hacerlo. 

Durante mis prácticas como docente, la finalidad de las mismas siempre se ha orientado a desarrollar el aprendizaje teórico a lo largo de la carrera, así como aprender de una figura que ejerce como tal. Sin embargo, en ambas prácticas así como en mi formación, únicamente nos limitamos a aprender un recetario de metodologías que se adaptan a “x” contextos, proporcionando un aprendizaje productivo y beneficioso en lo que a contenidos respecta. El objetivo principal es que todos aprendan a leer y a escribir, porque es lo que nos exige el currículo. Sin embargo, ¿Dónde quedan los valores y fundamentos que nos hacen ser personas?¿Dónde queda la autonomía del alumnado y su pensamiento crítico para su desarrollo y participación en la sociedad? Por ello, tras la lectura de Freire, nos planteamos en clase cuáles serían las características del/a docente ideal, entre las cuales se proponen: empático, dialógico, reflexivo, crítico… Sin embargo, al igual que tampoco existe la pedagogía correcta, no existe el modelo de docente correcto. Es por ello que, como propone Freire, debemos cuestionarnos sobre nuestras prácticas como tal. 

Pues, si la sociedad sigue un proceso y sigue evolucionando, pero nosotros/as nos limitamos a seguir aquello que aprendimos en la carrera hace “x” años, pasamos a ser opresores en un alumnado con un potencial transformador de la sociedad. El/La docente debe ser capaz de potenciar en el alumnado un pensamiento crítico y una reflexión que le permita ser participativo, reflexivo y crítico dentro de la sociedad. Pues, al final, se produce un estancamiento social que genera meros reproductores de conocimientos e ideologías evocando a producir los mismos errores que se han cometido anteriormente.

En este sentido, considero que la pedagogía nos ha de enseñar a enfrentarnos al mundo y a los problemas que en ellos emergen. Para ello, el/la docente debe ir más allá de reproducir contenidos y conocimientos como se exige curricularmente. Si no, que ha de ser crítico y reflexivo con su enseñanza así como con su propio trabajo. Se debe dar un entorno de participación dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, así como conocer los intereses, inquietudes, dudas, miedos… del propio alumnado. Debemos formar al alumnado para la vida y la sociedad, pero también debemos cuestionarnos acerca de nuestro trabajo, y seguir formándonos y trabajando para que la sociedad siga progresando, y sobre todo, para tratar de lograr una sociedad más justa para todos/as. 

Finalmente, me gustaría destacar la base de diálogo recíproco entre alumnado y profesorado que propone Freire. Pues, dentro de los elementos mencionados con anterioridad, el fomentar un entorno de participación en el aula, es un aspecto fundamental para construir una sociedad democrática futura. Sin embargo, dicha relación de participación y diálogo se propone en un sentido bidireccional donde alumnado y docente se posicionan en un mismo plano, haciendo de los argumentos de ambos/as el mismo valor. Nos olvidamos, en ese sentido, de la tarima y figura del/a docente como transmisor/a de conocimientos y al alumnado como receptor y reproductor del mismo. 

En este sentido, seguimos sin tener la receta ideal para el/la docente adecuado/a, como tampoco existe la pedagogía perfecta. Sin embargo, Freire nos incita a reflexionar sobre nuestras acciones como tal, sobre nuestra formación y sobre la pedagogía actual de cara a sociedades futuras. Pues, resulta curioso cómo, a pesar de que este libro fue escrito en 1968, sigue exponiendo una realidad no muy alejada de la que vivimos 52 años después.


 “Cuanto más se les imponga pasividad, tanto más ingenuamente tenderán a adaptarse al mundo en lugar de transformar.” pág. 64




Comentarios

Entradas populares de este blog

Índice de Desarrollo Humano (IDH) y Coeficiente de Gini

La pedagogía de los límites - Henry Giroux

Michael Sandels desde el comunitarismo; críticas a John Rawls