Tras leer la aportación al foro de algunos compañeros he reflexionado sobre cómo en nuestras escuelas hemos dado a la pedagogía crítica unas largas vacaciones y, en sustitución a ella, hemos acogido con los brazos abiertos, y como si de una vieja amiga se tratase, a una pedagogía neoliberalista.
El cometido de la escuela ha de ser el desarrollo de las habilidades del pensamiento critico- reflexivo de las niñas y los niños que se encuentran en él, para caminar hacia la transformación de la sociedad, sin embargo, si observamos a priori la superficie de las escuelas, eso precisamente es lo que no se permite en ellas. Una pedagogía neoliberal deshumanizadora con largos tentáculos llega hasta el lugar más recóndito, incluso a la educación, donde conciben a las niñas y niños, mujeres y hombres como objetos y a través de las escuelas tienen como objetivo convencernos para aceptar ese papel preestablecido. Esta pedagogía fomenta y promueve el individualismo, cosifica a las personas, básicamente son entendidos como recursos, capital humano y seres que consumen, además de ser receptores y almacenes de información pasivos, dejando de lado la reflexión y crítica, etc.
¿En qué afecta esta pedagogía a las niñas y los niños, futuras mujeres y hombres de la sociedad? Hace de ellas y ellos seres que el hecho de tener abundancia es mejor que ser, y como comenta María en su entrada del blog “hasta las festividades son un producto más”, donde sienten la irrefrenable necesidad de mostrar de todo lo que son capaces de poseer; las conductas consumistas por encima de las ciudadanas, egoístas y fuertemente individualistas e insensibles en cuanto a la justicia social se refiere.
¿Es posible desarrollar en las escuelas una pedagogía crítica para una justicia social? Creo que después de la última sesión de Teoría Crítica tenemos claro que sí se puede. Me asombró la diversidad de propuestas que surgieron de mis compañeros, y me percaté que las barreras que los docentes se ponen para realizar actividades enfocadas a la justicia social parten de ellos mismos y de la estructura del sistema educativo, y no por una ausencia de actividades que traten esos temas. Como comenta mi compañero Raúl, “dentro del neoliberalismo no es viable llevar a cabo la pedagogía crítica” y no podría estar más de acuerdo. Es necesario un cambio de las estructuras de relaciones y la escuela es necesaria pero no suficiente. Cambiar de rumbo hacia estructuras que estimule el pensamiento libre y la criticidad es tarea de todos y que se realiza en el día a día, porque si esperamos que el poder neoliberal lo lleve a cabo, estamos totalmente equivocados, citando a Paulo Freire “sería en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica”.
Nosotrxs como docentes, como participantes de la educación y de la sociedad, tenemos como tarea abogar por un modelo de educación personal basada en una propuesta que nos incite a cuestionar y reflexionar sobre lo que nos rodea, para facilitar aprendizajes para la emancipación de la opresión y fomentar el despertar de la conciencia crítica para transformar las estructuras de opresión e ir en busca de una sociedad más libre, más justa, más crítica y por supuesto más reflexiva.
Creo que hemos dado ya suficientes vacaciones a la pedagogía crítica y es hora que vuelva para quedarse porque la necesitamos si queremos vivir en un mundo socialmente justo.
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