Feliz Vanidad
Un subproducto más del capitalismo, una triste realidad que nos atrapa diariamente, pero en especial en Navidad. El neoliberalismo y la industria de mercado han hecho de las suyas, otra vez, la mayoría de las festividades, muchas de ellas de carácter religioso, de forma paradógica son un festín de avaricia, ostento, ambición, derroche... ¿no resulta paradójico el hecho de que gran parte de la población española se críe en el cristianismo, predique ciertos valores los domingos por la mañana, pero practique el credo de la superficialidad los 365 días del año? Bienvenidos a la era de la vanidad.
Se acerca la navidad y lo que comenzó como una celebración del nacimiento del mesías y por ende, como una fecha de ofrenda al niño Jesús, se ha convertido en el circo de los horrores haciendo de una fiesta de origen religioso un festival de alardeos, intereses, compromisos y engaños.
Sea cual sea el origen de esta festividad, gira entorno a intereses hegemónicos, de carácter religioso o político. La navidad es un producto más, el cual se nos vende por los cinco sentidos, sufrimos un bombardeo publicitario que te incita a comprar, innecesariamente, es época de excesos, de forma antagónica a su origen. Esta entrada de blog no es otra cosa que un reclamo al consumismo, un llamado a la cordura, al raciocinio, a la justicia social.
Si una pedagogía crítica subyaciese a la educación del territorio nacional, las personas seríamos libres, autónomas, pero sobretodo conscientes. Esta consciencia acabaría con la absurda vanidad que protagoniza nuestras vidas, a veces contradictoriamente tan vacías, para actuar en consecuencia al mundo que nos rodea, para dejar de mirar a un lado ante las injusticias sea cual sea su caracter, para dejar de reunirnos y crear un falso clima de amor y comunión, tragarnos las palabras que puedan separarnos y llenarnos de regalos, aunque mañana volvamos a olvidarnos los unos de los otros, ¿qué más da? una vez al año no hace daño.
La educación crítica acabaría con tanta hipocresía.

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