¿Qué características debe tener un maestro y una maestra?
Cuando nos planteamos esta pregunta tendemos a creer en la figura del maestro como salvador o responsable del cambio, que en gran medida lo es, pero no ha de verse como figura única y responsable del cambio social ya que para ello se necesita la colaboración del conjunto de miembros que componen la sociedad. En este sentido, y como se ha comentado en el aula, se suele tener la creencia de que los docentes son modelos a seguir y han de serlo hasta el punto de ser intachables e impecables durante toda su vida, cosa que con otras profesiones no ocurre.
Por otra parte, la formación en valores resulta crucial para ser docente en tanto en cuanto han de ir implícitos en nuestra praxis y forma de ser en el proceso de enseñanza y aprendizaje para poder transmitir los conocimientos desde una perspectiva más humanista y trasversal en la que prime la reflexión y el espíritu crítico sobre el conocimiento teórico de forma aislada.
Estas son algunas de las palabras que han sonado en el aula, en la lluvia de ideas acerca de las características o cualidades que ha de tener un maestro o una maestra. Quizá se corresponda más con el ideal que generamos de los docentes ya que es muy difícil que todos tengamos estas características siempre, sin embargo, algunas de estas cualidades sí que me resultan necesarias en todo momento, tales como: la empatía, los valores, la reflexión, el espíritu crítico, el diálogo activo y el afán de una educación justa.
Aun así, y a pesar de poseer o no estas características, no hemos de perder de vista la importancia de educar en la realidad que vivimos en la sociedad actual y en las desigualdades que hay en la misma, ya que al fin y al cabo todos los miembros de la sociedad son responsables de las injusticias que acontecen en la medida en que hacen o no hacen por ayudar en prevenirlas o en evitar que sucedan. Por ejemplo, esto ocurre cuando se dan desahucios, violencia de género, homofobia, xenofobia o aporofobia, entre otras situaciones, algunas de carácter estructural.
Haciendo una relación de las palabras que se mencionan en el cuadro con la pedagogía crítica de Freire, considero que es la esencia y existencia de la palabra para la expresión y la comunicación la que prevalece. Con ello, me refiero a la importancia de comunicar, escuchar y hacer saber al alumnado la importancia del proceso de enseñanza y aprendizaje con relación a la libertad de oportunidades y equidad de la sociedad. Sin embargo, creo que en muchas ocasiones la voluntad propia en cuanto a la mejora de la educación, no es suficiente cuando no se cuenta con la colaboración del resto de la comunidad educativa. Pero me parece aún más compleja cuando no tiene el respaldo íntegro del sistema económico y político, ya que es el que fundamentalmente determina que se aprende y de qué manera, mediante instrumentos como el currículo y su marco teórico.
En ese ámbito parecemos no avanzar por el camino de la pedagogía crítica, si no de haber quedado estancados en un modelo económico de mercado que determina que la finalidad última y fundamental de la educación reside en la creación de personas del futuro, es decir de suplir puestos de trabajo. Esto se aleja tremendamente del ejercicio reflexivo que supone aprender a través del pensamiento crítico y de la fraternidad, que como apunta Ángel Puyol, resulta fundamental para aunar fuerzas en la lucha contra las injusticias sociales.
Cristina Díaz Pescador

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