Mi particular mix y recapitulación final

Según hemos ido acercándonos al final de esta primera mitad de la asignatura, he podido ir conformando mi concepto de justicia social a partir de las perspectivas y planteamientos de los autores puestos en común. Un concepto que el primer día se basaba en la simple idea de difuminar carencias, pero he aprendido a cuestionarme mucho el cómo, de quién, etc.

Por otro lado, llegados a este punto me planteo: ¿por qué surgen constantemente nuevas perspectivas?, ¿será que la visión fragmentada realmente no contribuye a la justicia social?, ¿no deberíamos crear un método que ataque simultáneamente todas las causas que perpetúan las desigualdades e injusticias?, ¿por qué no hacemos una propuesta cooperativa?

Por eso, para “despedirme” de alguna manera de esta primera parte de la asignatura, quiero hacer un mix de mis partes favoritas de cada concepción porque con el ritmo que hemos llevado siento que he dejado mucho en el tintero y hay aspectos que no quiero dejar de destacar, así que, allá voy:

Recapitulemos…

- De Rawls, aunque no me convence el método que usa para abordar la toma de decisiones (desde el velo de la ignorancia y desde una visión del individuo abstracta) ni su visión tan centrada en la redistribución, sí destaco el hecho de que tiene como condición que ningún colectivo puede verse perjudicado en la toma de decisiones, haciendo caso omiso al utilitarismo que desampara a los más desaventajados.

Por ello, creo que este requisito tendría que estar en mi perspectiva utópica de la justicia social. Para trasladarlo al mundo real, en primer lugar, debería estar garantizado y presente la representación de los colectivos minoritarios y vulnerables en el parlamento, pero no con el rol de ejercer oposición o defensa sino para velar que no se incumpla esa premisa.

- Nussbaum y Sen personalmente me encantan ya que amplían el concepto y contribuyen a su planteamiento desde la perspectiva de la promoción de capacidades. Me parece razonable que lo que valoren no sea “llegar a “x”, sino tener la competencia para planteárselo”. Los medios para alcanzarlo. Se me asemeja al planteamiento de Habermas quien apunta que “solo conocemos un objeto en la medida en que lo podemos producir”; en este sentido, trasladándolo a esta concepción, solo podemos sentirnos realmente incluidos en una sociedad socialmente justa en la medida en la que tenemos la competencia y posibilidad para desempeñar cualquier rol en la sociedad, y nuestra decisión determina desempeñar el rol que hemos elegido.

Además, ponen la mira en un aspecto muy desatendido: el cosmopolitismo a nivel internacional. Este aspecto me parece fundamental pues, la presencia de fronteras y naciones creo que está ocasionando que se desatiendan injusticias por el mero hecho de no acontecer dentro de nuestro territorio.

En definitiva, recuperando las diez capacidades funcionales humanas centrales de Nussbaum siento que proponen ítems enfocados al verdadero desarrollo integral y digno de una persona a nivel individual, más allá de los bienes económicos o materiales que simplemente garantizan la supervivencia, pero no la vida en el sentido pleno de la palabra pues no abordan la plena desenvoltura en sociedad a la que sí se acerca más este planteamiento.

- Para completar esta carencia, Taylor y Honneth plantean, con lo que estoy totalmente de acuerdo, que el reconocimiento es imprescindible y el elemento que condiciona la distribución económica. Al ser seres sociales, insertos en una comunidad, la relación entre individuos es inevitable y condiciona la propia autodefinición y autoconcepto de nuestra identidad, pues está influida por las relaciones que entablamos y la calidad de estas. Por ello, no cuidar este vínculo dependiente entre sujetos y sociedad puede generar conflictos a nivel de restricciones o imposibilidades de desarrollo individual y social.

Lo que sí pienso en relación con este punto, es que para que sean “aprobadas” las medidas económicas, que son las que se rigen más por el egoísmo, las jerarquías y la supremacía, debe ser fomentada esta reciprocidad, la relación mutuas, la interculturalidad, el respeto y la empatía, porque de no ser así, las medidas desde la parcela de redistribución serían vistas como una injusticia o un abuso por parte de estos colectivos necesitados, y generarían reacciones de afianzamiento del rechazo y el odio. Por tanto, creo que este debería ser el primer paso para acercarnos a una sociedad justa, dentro por supuesto del planteamiento del abordaje simultáneo que apoyará Nancy Fraser a continuación.

- Fraser es como yo pretendo, quien intenta conciliar lo mejor de cada teoría. Por ello, es otra de mis preferidas porque, aunque sea juzgada por su planteamiento utópico y poco eficaz al trasladarlo al plano real, es la que hace un planteamiento completo y colaborativo. Creo que fragmentar o dar prioridad a unas o otras visiones solo perjudica al concepto tan amplio de justicia social. Sí que cabe destacar que pone atención a un aspecto esencial, pues sostiene que por más reconocida que sea una estructura de valores si no existe representación no va a ser posible resolver en favor de esa circunstancia.

En este aspecto, creo que es indispensable no solo desarrollar un marco legal que legitime esta participación sino fomentar la formación hacia el reconocimiento que favorezca la representación pues, tal y como vimos en el debate en clase, es visible cómo ciertos colectivos se desvinculan de la política, y es totalmente necesario trabajar esa autoestima dañada que garanticen su interés e implicación por la lucha de los derechos que les corresponden.

- De Iris Marion Young me gusta el hecho de que focaliza en la opresión como causa de las injusticias sociales, un foco de control muy presente actualmente. Tomando las palabras de Young:

“Una política de redistribución ciega a las diferencias puede reforzar la injusticia ya que universaliza falsamente las normas de los grupos dominantes, requiriendo que los grupos subordinados las asimilen y no reconociendo su carácter distintivo.”

Por ello, la solución que propone es repolitizar y democratizar lo público para que esas restricciones y dependencia ligadas a su estructura desaparezcan, y con ellas lo hagan la explotación, marginación, las carencias de poder, el imperialismo cultural y la violencia. Y de acuerdo con ella, no responsabilizar a la estructura implica oprimir e individualizar de los problemas a las víctimas y no a los verdugos.

 

A partir de aquí, como educadores, hemos de plantearnos si la escuela es la legitimadora de las injusticias, siendo responsable tanto si lo hiciera por acción como por omisión. En mi opinión, de acuerdo también con la contribución a esta crítica de la escuela que promueve la visión de Foucault en su libro “Vigilar y castigar” al asemejarla al funcionamiento de cuarteles, talleres o incluso prisiones, creo que sí. La escuela tiene gran parte de culpa al participar como cómplice y perpetuadora de injusticias al instar a la segregación, plasmar un modelo autoritario, jerárquico que coarta la diversidad y espontaneidad y, sobre todo, que forma hacia la industrialización y no de forma humanística.

Por ello, recuperando un planteamiento de mi admirado Marx: “se debe sustraer la escuela de toda influencia por parte del Gobierno (y de la Iglesia).”

En definitiva, no logro ver es la incompatibilidad entre las aportaciones anteriores, pues, no creo que ninguna sea desacertada, sino incompleta, pues en mi opinión, todas son relevantes y condicionantes para progresar hacia una sociedad más justa. Pero sí que me declaro más cercana a la concepción de Honneth, Nussbaum, Fraser y Iris Marion Young. Por ello, los ingredientes en mi opinión para alcanzar la Justicia Social son:

Y para acabar... cualquier planteamiento de búsqueda de la Justicia Social no puede perseguir simplemente los reajustes a lo que atañe a cuestiones públicas (ya sea a nivel económico o cultural), sino que ha de promover la reestructuración de toda cuestión subyacente que afecte también a la esfera privada de los individuos y les impidan desarrollarse con libertad.

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