El poder de la educación como cambio
En el planteamiento de resumir la pedagogía critica en pequeñas ideas básicas comenzaría mencionando la importancia de la transformación del sistema educativo tradicional actual y el cuestionamiento de lo que se estudia y su finalidad. En esta última, me parece importante rescatar la justicia social como parte importante de los objetivos que pueden lograrse al integrar el pensamiento crítico con la política que versa entorno a la educación y en la que está inmersa. Esta búsqueda de ciudadanía crítica y libre se cohesiona no solo con la forma de impartir las diferentes asignaturas si no de como orientarlo al ámbito social del día a día en la práctica, cuestionándonos sobre aquello que ocurre a nuestro alrededor. La palabra democracia, y su concepto en sí, cobra gran importancia de cara también a implementar métodos de enseñanza desde una visión analítica, donde se atiendan las necesidades sociales desde el ámbito político y educativo.
Por otro lado, y como comenta Peter McLaren, no hay una sola pedagogía crítica, si no que hay varias, y se suele asociar con el aula, pero este autor habla sobre el aprendizaje en diferentes contextos en que se presentan evidentes necesidades como la de los inmigrantes que no saben el idioma y se enfrentan a una enorme barrera diaria, por lo que se centra en las relaciones sociales y en el sistema capitalista. Con respecto a ello, le parece extraño que nadie hable sobre el capitalismo a pesar de vivir en él y las barreras que este supone, ya que deja poco margen para implementar medidas orientadas a la libertad.
En toda esta reflexión cabe preguntarse acerca de la figura docente y el papel que juega en la pedagogía crítica, ya que se debería replantear su figura y revalorizar el papel que tiene. A día de hoy la praxis sigue girando en torno a manuales estáticos que se rigen por el currículo y las editoriales, y que parecen determinar qué y cómo se deben impartir las clases, para terminar, embuchando los conocimientos en una prueba escrita. Además de no ser una educación que se ajuste a las necesidades y tiempos en que vivimos, es evidente que genera la desmotivación y la aceptación de una dinámica única para lograr ser alguien socialmente. En ello, el profesor tiene la responsabilidad de ser una fuente de conocimiento y un hilo conductor hacia un aprendizaje crítico y que se pueda comprender y cuestionar. Ejemplo claro de esta adopción estática, como se ha hablado en el aula, reside en las pretensiones de la LOMCE de convertir al profesorado en una especie de preparador de exámenes y no en esos transmisores de conocimiento que deberían ser. Con todo ello, cabe recordar que el mecanismo de transformación social no es el estudiante o el docente si no la escuela en su conjunto, ya que de forma aislada la reivindicación tiene valor, pero aunando fuerzas y trabajo se logra cambiar el mundo. Esto se ve reflejado en el ámbito educativo en el que en muchas ocasiones nos hemos topado con grandes docentes que de forma individual han tratado de cambiar las dinámicas del aula y potenciar el pensamiento crítico, pero ¿qué ocurre cuando estos docentes se cambian de centro? ¿persiste su lucha cuando se van? ¿es suficiente esa lucha individual? Sin lugar a duda, cuando estos docentes se marchan su idea puede permanecer en el ambiente, pero acaba volatilizándose en la rutina habitual. Para que permee este trabajo y esta pedagogía se debe trabajar de forma conjunta y continuada para que sea una forma de enseñanza-aprendizaje y no quede en el paradigma de un único docente.
¿Qué relación tiene todo ello con la nueva ley educativa española? ¿influye en ella la pedagogía crítica? ¿se ajusta a las necesidades del alumnado? ¿atiende a la inclusión educativa? ¿cómo ponemos en práctica una educación que atienda a la Justicia Social?
Desde luego que todas estas preguntas no pueden ser respondidas de forma breve y bajo el punto de vista de las necesidades educativas actuales y de la opinión de las posturas más críticas e innovadoras, esta ley podría contener medidas con mayor repercusión o de mayor envergadura. Sin embargo, la considero un paso enorme hacia un cambio educativo significativo que con el tiempo y la práctica puede suponer el camino hacia la inclusión y la equidad. En primer lugar, expongo lo anterior bajo la argumentación inicial que se sustenta en los derechos fundamentales que hacen alusión al derecho a la educación y libertad de enseñanza, ya que los fondos públicos que se destinan en la actualidad a sustentar la escuela concertada no fomentan la educación igualitaria, ya que no toda la población puede acceder a esta. No obstante, destinar mayor cantidad de recursos a la educación pública, no solo reduce la brecha social si no que ofrece garantías de igualdad de oportunidades en las que cada cual decide si estudiar o no en un sistema laico o religioso, además de evitar la creación de guetos por condiciones socioeconómicas. Por otro lado, es fundamental que para que estas escuelas atiendan adecuadamente a la inclusión educativa, y dejen fuera la segregación e integración, fomenten la apertura a las necesidades educativas y diversidad funcional del alumnado, brindando apoyo además a las familias. Esto puede haberse iniciado con la idea de centros ordinarios preferentes, pero es evidente que hay que dar varios pasos más allá, para permitir que los centros de educación especial no sean la única opción, ya que en algunas ocasiones no solo resulta segregador si no de difícil acceso para muchos grupos. Evidentemente, en ningún momento esto ha de significar el cierre de estos centros, si no el uso adecuado de los mismos y el aprovechamiento de recursos públicos en beneficio de la inclusión y la real igualdad educativa. Asimismo, es fundamental mencionar la separación por sexos que sigue habiendo en centros de carácter concertado, que son subvencionados con el dinero de todos y todas, que más bien se corresponde a otro siglo, y que trató de corregirse con la Institución Libre de Enseñanza en la II República española. Otro de los grandes puntos a destacar, reside en la famosa lengua vehicular y la importancia de no perder la diversidad cultural y riqueza de costumbres de las diferentes zonas del país y sus lenguas.
Por último, y atendiendo a la última cuestión, si hablamos de implementar una educación inclusiva dentro del marco de la justicia social, esta ha de tener unas características determinadas en que se plantee, cuestione y reflexione para adecuar la praxis equitativa al centro y el docente pueda ser visto como un intelectual crítico y no como un transmisor indiscutible de conocimiento estático.
Cristina Díaz Pescador
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