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En España cambiar de gobierno viene
a significar cambiar de ley educativa. Las modificaciones, derogaciones o
nuevas leyes que se hacen en el país, al contario de ir introduciendo mejoras,
vienen a contradecirse unas a otras, pues dependen del color político del
gobierno de turno. Con este pretexto parece complicado poder asentar ciertas
ideas, principios u objetivos que se quieran lograr a través de la educación,
porque, como ya he mencionado, éstos dependerán del ejecutivo del momento. Este
hecho, como no podría ser de otra manera, tiene descontenta a la comunidad
educativa.
En relación a la nueva ley (LOMLOE o ley Celaá como la han bautizado los medios de comunicación en referencia a la ministra de educación)
que, a priori, se va a probar en breve, creo que hay determinados puntos que no
se abordan lo suficiente, otros vienen a continuar con lo presente en la LOMCE
y otros aspectos los veo directamente erróneos o perjudiciales para una escuela
que se considere pública, laica, inclusiva, democrática y de calidad.
Algunas de las demandas que se echan en falta en esta ley son las siguientes:
- Uno de los aspectos que siguen sin resolverse con esta ley es la cesión de suelo público para construir centros privados. No se puede consentir que estas prácticas sigan llevándose a cabo porque, en la mayoría de las ocasiones, ésto trae consigo un pelotazo urbanístico como ya ha sido acreditado en varias ocasiones, además como suelo público que pertenece a todos, éste debe ser destinado para tareas públicas, en este caso educacionales, a las que todos los ciudadanos y ciudadanas puedan tener acceso. Por lo tanto se demanda suelo público sólo para centros públicos.
- Otro de los aspectos que dejan insatisfecha a la comunidad educativa es el de la ratio. Parece que si no hubiera sido por una pandemia mundial este hecho seguiría sin preocupar a las autoridades, a pesar de marcar el máximo en 20 alumnos, hemos visto como casi nunca se ha llevado a cabo, por no mencionar que con un número tan elevado de alumnos y alumnas en clase la calidad de la educación se va a ver mermada muy a pesar de los maestros y maestras.
- Respecto al tema de la religión, se debe sacar esta asignatura del horario lectivo, a mi modo de entender la escuela, no es suficiente con que la religión no cuente para la media, la religión debería desaparecer de la escuela puesto que ésta se define como laica. La escuela no debe ser el lugar para cultivar las creencias, para eso ya están las iglesias, sinagogas, mezquitas o cualquier otro lugar de culto en función de las creencias particulares.
- También se deben crear comisiones de escolarización permanentes para así evitar que muchos centros, especialmente los concertados, seleccionen al alumnado que quieren para su centro provocando la segregación fundamentalmente por temas de discapacidad, nacionalidad, nivel socioeconómico o religión, entre otras.
- Desde el gobierno, tanto a nivel nacional como autonómico, se debe trabajar para limitar los conciertos en educación, ya que éstos funcionan como auténticas empresas segregadoras y donde la inclusión brilla por su ausencia, y garantizar la suficiencia de la red pública de centros. Por lo que se debería establecer el carácter subsidiario de los conciertos educativos.
- Garantizar la elección democrática de la dirección por el consejo escolar para así evitar que éstos vengan impuestos desde las comunidades.
- Eliminar la prueba generalizada de acceso a la Universidad, la selectividad, y tomar como referencia el bagaje adquirido durante el bachillerato.
- Eliminar la repetición de curso en Primaria y reforzar su carácter excepcional en ESO, dotando de refuerzos y apoyos ya que está demostrado que no ayuda a compensar las posibles deficiencias que, finalmente, vienen marcadas por una calificación.
- Y por supuesto, se debe aumentar la inversión en educación, y que el nivel del PIB destinado a la misma esté en la media de los países europeos.
Éstos son algunos de los motivos
por los cuales esta ley no es suficiente y genera el descontento de la
comunidad educativa.
Para que una ley educativa sea
efectiva y exitosa (por lo menos en el planteamiento ya que en la práctica
habrá que ir evaluándola para ver si cumple con los propósitos planteados) debe
recoger las demandas de la comunidad educativa, maestras y maestros, padres y
madres, alumnado e incluso otros agentes de la sociedad. Hasta que ésto no
ocurra, las diferentes leyes que se sigan aprobando serán, en el mejor de los
casos, parches de un sistema que requiere de un análisis y unas modificaciones
profundas, hay que repensar la educación.
Para conseguir estas demandas, uno
de los aspectos fundamentales será la financiación de la educación. No se
pueden conseguir muchos de los aspectos planteados hasta que el PIB en
educación no aumente. Esto será cuestión de prioridades, prioridades, en este
caso, políticas. Cuesta pensar que el sistema va a colaborar en crear una
educación crítica con la sociedad y con el propio sistema, por lo que será
necesario el apoyo de la sociedad por medio de la presión, las manifestaciones
y la lucha.

La ley Celaá es uno de los asuntos que está en boca de todos últimamente y por este motivo me tomo la libertad de responder a tu entrada.
ResponderEliminarEstoy mayoritariamente de acuerdo con tu postura, ya que el panorama educativo a nivel legislativo parece un patio de recreo en el que entra en juego el conflicto de intereses de los distintos partidos políticos más que el bienestar y la educación inclusiva y de calidad de los ciudadanos españoles. Tal y como debatimos en clase, nuestros políticos se dedican a plasmar ideas que en la teoría parecen ajustadas a las demandas y necesidades sociales, pero que a la hora de llevarlas a la práctica no parecen responder a las mismas, o no cumplen las premisas que se habían establecido.
Coincido en tu análisis completamente, pero creo que deberíamos tener también en cuenta muchas de las propuestas que apuntan aunque sea sólo un atisbo de renovación, de camino hacia una educación más libre y democrática. A mi parecer, hay que tener en cuenta que vivimos en una sociedad envejecida y en la que impera una cultura y un ideario popular que se va transmitiendo de generación en generación y que es muy resistente al cambio. Afortunadamente, propuestas como dotar de dinero público unicamente a escuelas concertadas que promuevan una educación inclusiva de género, sacar la religión del sistema de evaluación, permitir que familias tengan acceso de forma gratuita a la educación concertada o incrementar los recursos de las escuelas ordinarias para que la atención a la diversidad y la educación de los ACNEAE sea de mayor calidad y lo más inclusiva posible, son indicadores al menos de que se está visualizando una problemática social, que puede arreglarse desde la educación. Obviamente, el PIB destinado a la educación debería incrementarse bastante, para que la reforma tuviese al menos sentido a largo plazo, porque sin algunos prerequisitos como este, dudo mucho que se pueda avanzar.
Otro punto que me parece destacable, es el hecho de que el castellano se elimine como lengua vehicular, ya que esto supone reconocer distintas culturas inmersas en el panorama español, que muchas veces se sienten retiradas. Esto sumado al hincapié que se propone en la historia de la democracia y la implementación de una educación transversal para la salud, incluyendo la educación afectivo-sexual, y la necesidad de formar a los estudiantes en la historia de la democracia, me hacen al menos pensar, que avanzamos en la dirección correcta. Se que del dicho al hecho hay un trecho como dice nuestro refranero, pero también es cierto, que el simple hecho de que algunas propuestas se plasmen a nivel estatal en una ley, desafía en cierta manera el pensamiento tradicional y me parecen una sutil señal de progreso.
En definitiva, considero que nos queda infinito camino por recorrer para acercarnos a una ley educativa que se ajuste a las necesidades de nuestra ciudadanía, que respete los derechos humanos fundamentales y que participen en una sociedad verdaderamente democrática y libre. No obstante, me parece que si bien es cierto que a paso de tortuga, vamos avanzando.