Redistribución y reconocimiento.
Durante
estas primeras semanas de clase, teníamos el foco puesto en la Justicia Social
entendida como la redistribución de bienes materiales por un lado y la
posibilidad de ser capaces de elegir qué tipo de vida se quiere llevar.
En
contraposición a la redistribución, surge el enfoque de las políticas de
reconocimiento. Uno de sus mayores exponentes, Axel Honneth hace referencia a
que los conflictos sociales que existen en el mundo son una lucha por el
reconocimiento, es decir, ya no es solo sobrevivir mediante la redistribución
de bienes materiales. Honneth señala que cuando se desprecia, se humilla, no se
reconoce al ser humano; este queda excluido de toda actividad y no siente parte
de la sociedad, por lo que el ser humano no consigue autorrealizarse. Otros
ejemplos de esta corriente buscan “las reivindicaciones del reconocimiento de
minorías étnicas, raciales y sexuales” (Fraser, 1996).
Fraser
avanza un poco más esta teoría, enfocando la cuestión en torno al entendimiento
de la concepción de reconocimiento como un problema de justicia, ya que la
falta de este mismo no les permite participar en la vida social. Al no existir
reconocimiento no parten con las mismas ventajas que resto. Por lo tanto, muchos son los grupos que la
cultura dominante asfixia, no respeta y no da espacio para coexistir. Por ello,
la solución es la cultura para superar ese dominio.
Con
el paso de las semanas y las horas invertidas en las lecturas, mi cabeza cada vez
más se asimila a un mar de dudas que no tiene fin. Con Fraser la cosa es
distinta. Siempre que aprendemos algo, sea el entorno cualquiera, tendemos a
superponer conocimientos, algo que admito que es un graso error, por ello Fraser
habla acerca que estas dos visiones no tienen por qué entenderse de manera
diferente, lo que crea es un camino hacia una teoría bivalente.
Para
que este enfoque bivalente funcione, Fraser utiliza la noción de paridad
participativa (interacciones de las personas como iguales) para definir esta
teoría. Para que se de esta paridad, primero se necesita que la distribución de
recursos sea equitativa y no genere desventaja, a esto lo llama precondición
objetiva. Y segundo, requiere de ese reconocimiento de los grupos que son
excluidos para poder así garantizar el respeto, igualdad de oportunidades y
participación; a lo que llame precondición intersubjetiva. Es necesario la una
de la otra para que exista este término de justicia bivalente.
Por
poner un ejemplo claro de la realidad. El tema de la diversidad cultural,
debatido en clase nos puede servir para exponerlo de forma breve. En cuanto al
plano del reconocimiento, partimos de que en la escuela se aboga por una
educación arraigada en y para la diversidad, bien es sabido por todos que esto
desgraciadamente no es así. A día hoy todavía existe la segregación por razones
de cultura, religión, procedencia… lo cual nos hace entender que todavía no
existe un pleno reconocimiento por parte de la cultura dominante. Según la
UNESCO dentro de sus objetivos para el año 2030 viene explícitamente citado que
debemos “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad”. Pues
bien, eso no cumple.
Hablar
de reconocimiento es en parte hablar de inclusión, aunque no del todo. Cuando
la escuela/sociedad reconocer a estos grupos estamos hablando de
multiculturalidad, hay un principio de integración. Se reconocen de forma
amistosas nuestras diferencias, se combate esa segregación con cultura, ya
forman parte de nosotros. Pero para mí, eso no es suficiente, para existe la
inclusión cuando hay reconocimiento y hay interculturalidad. No es solo reconocer,
es buscar similitudes, puntos en común.
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