Las 3 R's y la capacidad para identificar y liberar

Como bien hemos visto, el modelo tridimensional de las tres R (Redistribución, Reconocimiento, Representación) no puede ser contemplado por sí mismo como algo particular y propio, pues a fin de cuentas se trata de la identificación y comprensión de todas las personas. Los y las individuos que, a pesar de ser particulares, forman parte de un entramado de relaciones que se conforman a raíz de las vinculaciones e implicaciones con las mismas, cuyo fin es generar una emancipación referente a los diversos modos de vida.
De esta manera aparecen las tres esferas que se proponen (las tres R) localizar y plantear la manera de mitigar los problemas que puedan acarrear en cualquiera de las diferentes dimensiones. El fin último de la educación y la Justicia Social, no sólo en un ámbito educativo, sino en todos los aspectos, en cuestión de derechos, libertades, etc. es dirigir a las personas para poder generar autonomía, capacidad y opción de vivir cómo deseen, libertad individual a la hora de manejar sus vidas, siendo competentes para respetar el resto de modos de vida, al igual que se espera que se haga con la propia.

Este aspecto de generar autonomía me recuerda al periodo de prácticas de Educación Social, en Servicios Sociales, en el programa de Menores y Familias, cuyo objetivo era ofrecer un apoyo a las familias (involucrando a todos los miembros de esta) para ayudarles a llevar a cabo sus funciones parentales y afrontar las dificultades que surgen, y pueden aparecer, en el desempeño de las mismas, asegurando el pleno desarrollo de los menores. Para ello trabajaban de manera cooperativa con todo aquello que involucra al menor y la propia familia, colegio, ocio, aspectos de adicciones, etc.

Los profesionales que formaban este equipo interdisciplinar proporcionan las herramientas necesarias para sacar el máximo provecho y rendimiento, demostrándoles y enseñándose (los y las propias familias e integrantes) que no son unos “inútiles” (a ojos de muchos grupos de la sociedad), que valen y que son capaces de llevar una vida totalmente autónoma, valiéndose por sí mismos. Sin buscar aprobación ante el profesional, deben responsabilizarse de sus actos y decisiones.

Generalmente, nos adaptábamos a los casos según sus necesidades, pero intentando crear siempre una serie de responsabilidades, que se preocupen. En algunos casos habría que poner una naranja en la boca, y ellos harían el resto. Otras incluso habrá, además, pelarles la naranja. Y casos extremos en los que haya que toque hacer el zumo. Así, con esta manera de “control” al igual que el modelo de las tres R, somos capaces de identificar qué problema se produce y en qué aspecto concreto está siendo más problemático, o requiere de más atención.

Esta faceta de adaptación e identificación tiene gran peso ya que no todos tienen las mismas carencias, necesidades, características... Es por esto que debemos estar dispuestos, preparados y saber identificar de qué manera se muestra una injusticia para afrontar cualquier improvisto que puede limitar y alterar el proceso de Justicia.

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