“HACIA UN CONCEPTO DE JUSTICIA SOCIAL”. ANÁLISIS Y COMENTARIO CRÍTICO.
Encuentro especialmente difícil analizar objetivamente las distintas perspectivas sobre la justicia social a lo largo de la historia, por lo subjetivo y egoísta que me resulta el ser humano.
Existen pluralidad de pensamientos acerca de lo que la sociedad necesita para ser justa, no obstante, me gustaría comenzar con una reflexión, ¿cómo podría la humanidad acordar unas premisas para el funcionamiento de la vida en comunidad, siendo esta misma la que destruye el equilibrio natural de todo aquello que le rodea?
Después de este inciso y repasando cada teoría, encuentro un hilo conductor, los intereses. Esto me lleva a la siguiente hipótesis, ¿es la justicia una cuestión de intereses?
En mi opinión, la respuesta sería afirmativa, cada autor ve la sociedad desde una lente gradualmente condicionada por sus experiencias personales y éstas modifican su forma de comprender el término de justicia social.
Es así como encontramos teorías que conciben la desigualdad en el seno del Estado, bien por la falta de libertades a cambio de unos falsos derechos como los contractualistas, o bien por ser detractores de que la satisfacción de los dirigentes estatales es equivalente a una sociedad ordenada y justa, como los utilitaristas.
Algunos encuentran el epicentro del problema en cómo éste distribuye bienes sin lo que parece ser un baremo equitativo, por cómo construye clases sociales en desigualdad total de condiciones, otros autores achacan la injusticia a la falta de inclusión y valoración social o cultural de determinados colectivos o en su exclusión de las tomas de decisiones globales. Estos pensamientos forman parte de las tres corrientes que predominan en la actualidad, respectivamente éstas serían la justicia como distribución, la justicia como reconocimiento y la justicia como participación.
En medio de todo este conflicto de intereses encontramos el enfoque tridimensional, el cual aboga por reencontrar las propuestas de los anteriores en un mismo concepto de justicia social y a mi parecer el más acertado.
Puede resultar evidente que existe un problema de base, la organización que rige las sociedades, por lo que la solución más acertada parece ser la disolución del Estado actual y su reformulación. La dificultad radica en tener en cuenta los intereses de todos y cada uno de los afectados, desde toda perspectiva, porque el gen egoísta y primitivo del que nos habló Dawkins habita y controla nuestra conducta. Sin embargo, si algo caracteriza a la humanidad es la pluralidad social que la compone, por lo tanto, no habrá justicia social sin una base plural sólida.
MARÍA GARCÍA GÓMEZ
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