Tras el primer acercamiento a Pedagogía del oprimido de Paulo Freire, hay muchos conceptos que saltan a la vista y rápidamente se instauran en el inconsciente colectivo. Algunos de éstos son, como no podía ser de otra manera, los términos Opresores y Oprimidos.
A simple vista son conceptos fáciles de entender e identificar, pero que entrañan más dificultad de la que, a priori, podamos imaginar, puesto que no parece lógico pensar que todas las personas se puedan dividir en dos simples grupos.
Dando por hecho que existan tanto opresores como oprimidos, siendo los primeros los que oprimen a los segundos, habrá muchas personas a las que no se las pueda clasificar en un bando u otro. Como ya hemos dicho los opresores esclavizan, abusan y se aprovechan de los oprimidos, pero, cuando esta opresión no es tan evidente, ¿seremos capaces de identificar a opresores y oprimidos?
Tras la reflexión y el debate surgido de la pregunta de si pertenecemos a unos u a otros, nuestro primer impulso, en caso de tener que encasillarnos en algún grupo, es el de pensar que oprimidos puede que no estemos pero opresores seguro que no somos. Hay motivos para pensar ambas cosas y poder catalogarnos en un sitio u otro. Si bien es cierto que no estamos recogiendo algodón, trabajando en fabricas clandestinas ni en una mina sin ver la luz del sol, las condiciones de trabajo y sociales de muchos de nosotros y nosotras podrían mejorar sustancialmente, lo que nos puede llevar a pensar que sí estamos oprimidos. Por otra parte, si pensamos que vivimos en occidente, que tenemos la suerte de tener comida y techo todos los días, que muchos de los productos que utilizamos vienen de países en los que las condiciones de trabajo ponen en duda los derechos humanos donde por desgracia la gente incluso muere para fabricarlos, o que nuestro consumo de alimentos es insostenible así como la relación que tenemos con el medio ambiente, todo ésto nos puede poner en la situación de opresores.
Esta dicotomía no es fácil de abordar, aunque sí creo que en caso de tener que pertenecer a una clase u otra, no todo es blanco o negro. Es decir, en caso de que tengamos motivos para pensar que somos opresores, si nuestra convicción es la de no serlo y trabajar para ello, ésto nos tiene que diferenciar de los opresores de verdad, puesto que el superar el papel de opresor no tiene porqué convertirte automáticamente en oprimido.
Por eso, pienso que puede haber otro camino, una tercera vía, incluso algunas más, que no implique que todos tengamos que ser u opresores u oprimidos, que en caso de estar en el lado de los opresores queramos luchar para cambiarlo y en caso de estar en el de los oprimidos, aquí sí, para dejar de serlo. Y así, descatalogar a esas personas que se encuentran en tierra de nadie.
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