Ideario....

 

Ideal sería que la educación estuviese condicionada por políticas públicas sociales, inclusivas, para que las instituciones en general y las personas en particular crecieran con la apertura total a la diversidad racial, cultural, sexual. Ideal sería que quienes se sientan a redactar y organizar estas leyes tuviesen presente las realidades inmediatas y estas personas a su vez estuviesen asesoradas por personas implicadas desde el corazón con la educación y no desde el beneplácito económico o por líneas de partidos políticos que no les interesa regir a ciudadanos y ciudadanas críticas, pues le es más fácil gobernar diciendo qué hacer y cómo hacerlo, sin que se pueda decidir por sí mismo, sin que se les pidan cuentas de su quehacer como gobernantes. Lo ideal también sería que esta no fuera una realidad sino al contrario, estaría muy bien que cada una de las personas que hacen parte de la sociedad tuviese una conciencia crítica frente a diario vivir

En este sentido la pedagogía crítica tiene un caminar arduo, sobre todo porque hay un adormecimiento de la conciencia frente a estos hechos, frente a las injusticias. Este adormecimiento se ha generado precisamente por falta de esta educación crítica hasta tal punto que se ha normalizado acciones que violan derechos sin que esto llegue a generar un cuestionamiento al respecto en toda la población, solo unas pocas personas piensan en ello, sin embargo, la esperanza por el cambio persiste y permite que el deseo de transformación social permanezca en el corazón de muchas otras personas, por ello es que es tan importante seguir construyendo redes que permitan difundir y trabajar sobre los principios e inquietudes de la pedagogía crítica, tanto formal como informalmente, de hecho conozco propuestas tan interesantes como a través del teatro y la música han logrado despertar la reflexión consiente y responsable posibilitando la autoconciencia donde los participantes se han permitido interpretar el mundo desde una perspectiva diferente en búsqueda de la justicia social. El grupo de teatro Luz de Luna nace como una propuesta pedagógica en un colegio público del barrio Girardot de la ciudad de Bogotá, donde el docente buscaba despertar el gusto por el teatro y permitirle al estudiantado una alternativa para bajar los índices de consumo de drogas. Del grupo de teatro del colegio se convirtió en un grupo de teatro callejero que lleva más de veinte años denunciando, visibilizando a través del teatro injusticias sociales como el desarraigo de las tierras, (obra de teatro Aterra), las desaparición forzada (obra de teatro ¿Dónde está?) entre otros muchos temas mas. Son obras de creación colectiva que realizan con los y las vecinas del barrio, que buscan siempre participar en las propuestas que el grupo propone. 

No se sabe cuánto vaya a tardar esta trasformación pero lo seguro es que se debe seguir buscando despertar la conciencia social para llegar a una autorreflexión que permita la humanización para continuar en busca de la equidad que tanta falta hace y poner freno a las políticas neoliberales, consumistas que desvirtúan la razón del ser y quitan importancia a las necesidades reales de la sociedad.

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