Análisis de la situación de los MENAS desde la perspectiva de Fraser

 Un blog más:

En primer lugar, me gustaría sumarme al reconocimiento al trabajo y esfuerzo de todos los grupos tras las exposiciones compartidas la semana pasada. Enhorabuena compañeros.

En esta entrada me gustaría centrarme en el tema que abrieron las compañeras Somaia, María, Sofía, Marcia y Laleska en relación con los menores extranjeros no acompañados (MENAS). Al final de su trabajo tras la recopilación de información, testimonios y aproximación al punto de vista de cada autor respecto al tema, lanzaban la pregunta de si considerábamos que la problemática tenía una única forma de resolverse bajo nuestro punto de vista.

Este ejemplo me transportó de forma instantánea a la lectura Fraser, N. (1996). Redistribución y reconocimiento hacia una visión integrada de justicia del género. En ella, se plantea la cuestión de la imposibilidad de tratar a la redistribución y el reconocimiento como políticas independientes entre sí cuando están tan interrelacionadas y dependientes mutuamente. En la primera parte de la lectura, se ubicaría la desigualdad expuesta dentro de la política de reconocimiento que “engloba aquellos movimientos que persiguen revalorizan las identidades desvaloradas injustamente” junto con el feminismo cultural o la identidad homosexual. Pudiendo dar a entender que esta perspectiva se centra en aquellas problemáticas o cuestiones de género, sexualidad y raza. Pero, debemos pensar de dónde surge y nace esta injusticia, ¿no será por una cuestión de imposición de las clases dominantes? En mi opinión, clasificar “distintos tipos de injusticia” en función de dónde se supone que surge o prevalece esa problemática ocasiona desconsiderar otros muchos factores que están interviniendo en ella.

De esta manera, según defienden quienes defienden estas orientaciones de forma divergente disciernen entre:

  • Política de redistribución injusticias socioeconómicas con arraigue en la economía tales como: la explotación, la marginación económica o la deprivación → solución: reestructuración político-económica como la redistribución de ingresos, reorganización de la división de trabajo o toma democrática de decisiones.
  • Política de reconocimiento injusticias culturales con arraigue en modelos sociales de representación, interpretación y comunicación tales como el dominio cultural o la falta de respeto → solución: cambio cultural que implique por ejemplo la revalorización positiva de las identidades de los colectivos estigmatizados, reconocimiento positivo de la diversidad cultural o transformación en las estructuras de representación.

Que cada concepción acoja a distintos perfiles o colectivos solo produce bajo mi punto de vista una visión fragmentada de la realidad: una radicalización inútil que perjudica la eficacia de la búsqueda de la justicia social.

En mi opinión, los imaginarios que arrastra cada sujeto que se ve sometido a una injusticia, en esta caso, los MENAS, no son producto de ser víctimas únicamente o de los medios de producción (o mercado) o de su status social. Ambas en mi opinión, son consecuencias. El problema de raíz proviene de todos esos prejuicios que se transfieren dentro de la memoria colectiva de manera social (como ese argumento vacío de que son delincuentes, agresivos, drogadictos, vagos o un sinfín de estigmas que les acompañan) que dan pie a posicionarlos en situaciones de vulnerabilidad tanto en lo referido a lo económico como lo cultural.

Para acabar, creo que ya conocéis de sobra mi punto de vista y sabéis que soy partidaria de abordar la injusticia desde todas las perspectivas de forma simultánea para conseguir una mejor y más completa solución. Y con esta entrada pretendo evidenciar cómo ambas políticas se complementan y cómo el hecho de contar con una representación menor, una valorización de la propia identidad dañada y políticas económicas que les desamparan y preceden, suponen el marco idóneo para hacer proliferar esta desigualdad.

Si de verdad pretendemos crear un espacio de concordia, debemos unir lo más eficaz de cada postura y dar una respuesta eficaz y amparar a colectivos como los MENAS que sufren tanto el dominio cultural, teniendo que amoldarse y someterse a modelos de vida ajenos, como faltas de reconocimiento y respeto constantes que consuman en la marginación social, y son además víctimas de la marginación económica, viendo su acceso al empleo muy limitado y orientado hacia aquella labor más indeseada y menor remunerada, entre otras desigualdades.

Por ello, insisto, no hay una postura más eficaz que otra si se plantea de forma individualizada y autónoma, se ha de buscar la cooperación entre las distintas perspectivas y abordar el problema desde todas las circunstancias detectadas como participantes en la reproducción de esta cuestión. Yo en este caso me he centrado en Fraser, pero la visión de los demás autores (Rawls, Nussbaum o Marion Young) también aportarían grandes ideas para contribuir al fin de esta lacra: la injusticia social.

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