Reconocimiento e hiyab
Como hemos estado viendo a lo largo de estas semanas, el concepto de Justicia Social podría dividirse en tres grandes concepciones: redistribución, reconocimiento y participación. Y esta semana hemos profundizado en el reconocimiento a partir de una noticia en la que nuevamente el hiyab de las jóvenes musulmanas era el centro del debate.
Personalmente
como mujer musulmana considero que el reconocimiento es muy importante para lograr una
justicia social real ya que vivir en una sociedad en la que no eres reconocidx
te hace totalmente invisible, sientes que no existes, te sientes anulada,
deshumanizada e infravalorada. Tu identidad es constantemente desvalorada y puesta
en duda ya que para nosotras las mujeres musulmanas, el hiyab es un rasgo de nuestra
identidad muy importante ya que como bien apunta Amin Maalouf (2012) aquel rasgo de nuestra
identidad que se ve en peligro es aquél con el que más afín nos reconocemos. Por
ejemplo, una mujer marroquí que vive en España resaltará su identidad religiosa
y su hiyab, mientras que una mujer marroquí en Marruecos resaltará otro aspecto
de su identidad ya que su religión no está criminalizada ni puesta en duda.
Asimismo,
una falta de reconocimiento desemboca en la no aceptación de tu cultura y ésta
es vista por la mayoría de la población como bárbara, tradicional y obsoleta. En
este mundo paralelo del no reconocimiento debes traspasar todo tipo de obstáculos
en la búsqueda de la estimación social e igualdad de oportunidades. Además la mayoría
de las veces por no decir todas, una falta de reconocimiento conlleva una injusticia
en la redistribución económica de los bienes. Por ello, al igual que Fraser (1996)
coincido con la importancia de impulsar un concepto bivalente de justicia en el
que se reconozca la paridad participativa de manera que se fusione la redistribución
y el reconocimiento. Y esque esta búsqueda del reconocimiento es clave para la población
inmigrante y en este caso me referiré a la población de minoría musulmana y
concretamente de las mujeres. Por ejemplo, los feminismos islámicos
coincidiendo con los discursos de Chandra Mohanty (2003) una de las figuras más
destacadas del feminismo decolonial, critican la creación de un prototipo único
y universal de mujer denunciando el escepticismo y monopolio de los discursos
de liberación y emancipación que defiende el feminismo colonial. Por lo que, este
movimiento busca lo que Vidal denomina “el reconocimiento de alteridad” (2017,
p. 103), recalcando su papel activo y protagonista dejando de ser vistas
exclusivamente como objeto de estudio por parte de Occidente.
Retomando el debate del debate del hiyab, éste sigue siendo uno de los grandes temas que siempre está candente ya que dentro de este mundo androcentrista parece ser que el cuerpo de las mujeres es un objeto sexual que puede ser debatido por todo el mundo, pero sin su consentimiento ni opinión (Rivera, 2014). Esto lo vemos en particular y más acentuado en el caso del cuerpo de las mujeres musulmanas, éstas constituyen el campo de batalla entre la modernidad (desvelarse) y el oscurantismo (velarse) (Checa, 2018; Grosfoguel, 2016; Lamrabet, 2014). Siempre ha existido un dualismo entre la prohibición o imposición compulsiva del hiyab sin nunca contar con las que realmente lo llevamos, nunca son las mujeres musulmanas las que tenemos la decisión sobre nuestro propio cuerpo (Grosfoguel, 2016; Monturiol, 2009; Perelmuter, 2004). Veámoslo aquí con un ejemplo, lo primero que han hecho los imperialistas al colonizar y atacar un país ha sido prohibir el uso del hiyab, y por su parte los fundamentalistas islámicos, obligar el uso de éste (Checa, 2018). Es decir, siempre nos encontramos con una lucha entre los patriarcados por dominar a las mujeres de su entorno. Como alega Tariq Ramadan “imponer el uso del hiyab va en contra de los preceptos islámicos, pero al mismo tiempo obligar a quitárselo atenta contra los derechos humanos” (2011, citado en Torres, 2014, p.165). Además lo peor de todo es que son individuos ajenos a las mujeres musulmanas los que se creen con la potestad de opinar acerca de nosotras violando nuestro derecho de vivir nuestra espiritualidad y decidir si llevar o no el hiyab, lo cual es un asunto personal de cada mujer y cualquier forma de coacción está fuera de la moral islámica (Díez, 2011), sin embargo, el debate sobre la obligatoriedad o no del hiyab, se sigue discutiendo igual, por eso recalcamos las palabras de Torres:
El uso del hiyab, independiente de si es una prescripción religiosa o no, o si se utiliza por convicción espiritual o para reafirmar la identidad, o bien como símbolo de lucha, es la punta del iceberg de los conflictos que acompañan a los musulmanes y musulmanas […]. Creer que la prohibición del hiyab en el ámbito público es equivalente a la liberación femenina, la superación de la desigualdad, la pobreza, brecha social, injusticia, violencia, y así a una serie de problemas que existen, demuestra cierta ingenuidad de nuestra parte (2014, p.170-171).
Las
mujeres musulmanas no somos reconocidas como agentes de nuestra vida, sino que
somos vistas con la imagen de “la mujer con hiyab”, que a ojos de Occidente es
pasiva, analfabeta, sumisa, reprimida sexualmente, violentada, no sujeto… La opresión
de la mujer musulmana debido a su interseccionalidad se puede explicar perfectamente
con Las Cinco Caras de la Opresión de Iris Marion Young: la explotación, la
marginación, la carencia de poder, el imperialismo cultural y la violencia. Ya que
como bien afirma Fraser “después de todo, género, «raza», sexualidad y clase
están estrechamente conectados entre sí” (1996, p.29). El no reconocimiento de
la mujer musulmana como ser autónoma y libre conlleva muchas veces a la no participación
de ésta como miembro de la sociedad ya que se siente degradad e incomprendida. Además
este no reconocimiento hace que se la expulse del ámbito público tanto escolar como
laboral al no respetarse su identidad y diversidad cultural y religiosa.
Y
esque lo que más sorprende de este debate es que es una mera opresión imperial estructural
en la que no importa absolutamente nada la condición, situación o necesidades de
las mujeres solo interesa que se quiten el hiyab, como si quitándoselo ya
significase radicalmente una mayor libertad y participación ciudadana (Adlbi, 2016).
Lo único que se busca es demonizar la religión islámica y su sociedad para
hacer ver a la opinión pública la veracidad de sus estereotipos. Forti sostiene
“La mujer musulmana como tal no es vista por los occidentalistas, no les
interesa, no les preocupa cuáles pueden sus problemas o inquietudes” (2005). Por
ello, el debate de prohibir o permitir el hiyab en el sistema educativo me pone
tan nerviosa, ya que no se busca el bienestar de estas chicas sino que una vez
más es una búsqueda de resaltar ese afán imperial colonial eurooccidental
silenciando a miles de mujeres musulmanas residentes en España que libremente
eligen portar su hiyab y piden ser reconocidas como seres con los mismos derechos
que el resto de población no musulmana.
Fuentes:
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Adlbi
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decolonial. Madrid: Akal.
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Checa y Olmos, Francisco. (2018, diciembre). El velo islámico hoy
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Lamrabet, Asma. (2014). El velo (el hiyab) de las mujeres
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Recuperado de https://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:v8zRQWasEs8J:https://cuadernosjudaicos.uchile.cl/index.php/CJ/article/download/35679/37347/+&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=es
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ResponderEliminarComparto tu opinión con referente a las tres dimensiones que se plantea Nancy Fraser vinculadas a la Justicia Social: redistribución, reconocimiento y participación, creo que se encuentran ligadas. Tomo el concepto de participación y reflexión sobre su implicación en una sociedad donde la educación está regida por estados de derechos permeados desde la perspectiva neoliberal, colonialista, machista y conservadora que desconoce derechos, irrespeta culturas y violenta las voces de grupos sociales que no cumplen con los parámetros planteados desde esta hegemonía. Soy mujer migrante y desde mi realidad siento y vivo que no se reconoce nuestra participación como elemento fundamental para nuestro propio desarrollo como personas y sujetas políticas y sociales, otras personas, que no conocen nuestras experiencias y apreciaciones sobre esta realidad, han tomado la palabra por nosotras, sin dar importancia a nuestra presencia activa en diferentes espacios, es decir, han silenciado nuestra participación, dejándonos relegadas a meros objetos de estudio, sin voz para luchar contra la precariedad laboral, económica, política, social y emocional que nos afecta cotidianamente (SindiHogar, citado en IV encuentro REDLATINAS) Entonces ¿cómo no ver la justicia social desde una perspectiva tridimensional si en el día a día escucho a muchas personas que se encuentran inmersas en circunstancias que no les permiten tener más opciones de vida sino en la que viven, donde prevalece la ley del más fuerte y del más “avivato” para poder sobrevivir? .
EliminarLos principios de esta sociedad hegemónica, en la que la población se encuentra inmersa, se siguen afianzando en el imaginario social de tal manera, que invalidan lo diferente y legitiman seres con “personalidades egoístas y egocéntricas” (Torres Santomé, 2017, citado en Di franco 2019 pg.1) y un ejemplo de ellos se ve, se vive en la participación de las mujeres migrantes en el estado español, pues en la práctica es limitada por barreras estructurales, institucionales, discriminatorias y personales que las segrega y excluyen difuminando su derecho como ciudadanas de pleno derecho.
Soy una mujer migrante o sea diferente, para muchas personas de la sociedad española, pero en mi país también fui diferente, por actuar y pensar bajo cánones disimiles impuestos socialmente.
Di Franco, M. (2019) Políticas de redistribución, de reconocimiento y de participación. Praxis educativa, Vol. 23, Nº 1 https://dx.doi.org/10.19137/praxiseducativa-2019-230101
Fraser, Nancy (2008) La justicia social en la era de la política de identidad: redistribución, reconocimiento y participación http://www.trabajo.gov.ar/downloads/cegiot/08ago-dic_fraser.pdf
Monteros Obelar, S. (2018). La emergencia de lo político en el cruce entre migraciones femeninas, apoyo mutuo y participación política: La experiencia de la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en España. .
Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (2018). IV Encuentro de mujeres migrantes, Barcelona 20-21 de octubre 2018 https://drive.google.com/file/d/1VBOnpWJTZLJ1ESrDOKR8n2Wfj47dSU0P/view
Belavi, G. Graña Oliver, R. Murillo, F. J (2017). El Principio de Paridad Participativa en la Teoría de Fraser: Algunas Reflexiones para la Educación Universidad Autónoma de Madrid, España
El otro día en clase, por un momento me sentí inseguro, me violentó la situación de expresar mis pensamientos por temor de levantar asperezas en la clase. No tengo una opinión especialmente controvertida, pero por un momento me atemorizó decir mi opinión y que no fuese lo socialmente aceptable, o al menos deseable para alguien que está cursando estos estudios. Esta situación no es la primera vez que la experimento, esta sensación normalmente aflora en mi cuando tengo conversaciones con mujeres feministas, paralelamente, no tengo posturas controvertidas hacia el movimiento pero por supuesto, cuestiono ciertos aspectos del discurso. A veces siento que no hay escalas de grises en estos temas, o estás a favor o en contra y estas situaciones en cierto sentir que yo, como individuo, estoy haciendo algo mal. Hablando en claro, a veces siento que ya soy juzgado de ante mano por ser un hombre blanco y heterosexual.
ResponderEliminarEl gran dilema de velo sí, velo no. En mi opinión y desde lo que he aprendido de mi cultura, entrar a sitios cerrados con la cabeza cubierta es de “mala educación”. Tradicionalmente quitarse el sombrero, gorra, gorro cuando entras a cualquier lugar siguen las normas implícitas de la educación. Yo mismo, que no soy creyente, me quito el gorro en iglesias por respeto y es un acto automático, una costumbre. Sin embargo, escuchando y leyendo a mi compañera Somaia, entiendo tambien que el hiyab no es una prenda cualquiera si no que esta cargada de identidad y simbología religiosa.
Hablamos de la individualidad de las personas y la autonomía de las mismas. Las mujeres musulmanas en edad escolar están siendo oprimidas. Por un lado estas personas, siguiendo las líneas de Young, carecen de poder en la toma de decisiones de sus acciones, estas decisiones han sido tomadas por personas que no pertenecen al mismo colectivo. Mi compañera apunta “retomando el debate del hiyab […] dentro de este mundo androcentrista parece ser que el cuerpo de las mujeres es un objeto sexual que puede ser debatido por todo el mundo, pero sin su consentimiento”. Creo que esta es una afirmación que si bien en otros casos es muy válida, en este caso no lo es. En primer lugar, a mi juicio en este dilema no se pone en juego el cuerpo de la mujer ni su sexualidad en ningún momento sino la identidad y la autonomía de la mujer musulmana. No pienso que entre de ninguna manera en juego la sexualidad de la mujer en este tema. Sin embargo estoy muy de acuerdo en que es ilógico que personas que un grupo de personas en los que no haya participación de este colectivo en particular tomen estas decisiones. Y me gustaría hacer hincapié en esto último. No pienso que solo el colectivo musulmán debe tomar decisiones en esta materia hay que recordar que no se habla solo del hiyab, si no de llevar la cabeza cubierta con cualquier prenda, materia que concierne a todos los colectivos. Por su puesto que pienso que hay que prestar especial atención el colectivo musulmán, son los más afectados. Por otro lado, este colectivo esta siendo oprimido por el imperialismo cultural. Es un ejemplo perfecto en el que la cultura dominante impone sus costumbres de una manera sistemática.
Pero también hay que hablar al respeto de las normas, en mi opinión las normas deben de ser para todos. ¿Pero que hay de malo en hacer excepciones para casos tan simbólicos?
En cuestiones como esta veo como el enfoque distributivo y de reconocimiento se quedan cortos y hay cabida para el enfoque participativo. Y en líneas de Erika, es deseable que la toma de decisiones recaiga también en los demás colectivos, no solo en el dominante. Al fin y al cabo, todos formamos partes de la misma sociedad y todos no vemos afectados por estas decisiones. Importante la participación para la lucha contra la opresión.
(Este comentario lo tomé como mi entrada de la semana. En vez de abrir un hilo nuevo, continuo la discusión)
Eliminar(Este comentario lo tomé como mi entrada de la semana. En vez de abrir un hilo nuevo, continuo la discusión)
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